Jirafa 

 

 

 

 

 

La JIRAFA se caracteriza por la extraordinaria longitud de su cuello, por sus altas patas y por presentar la línea del dorso muy inclinada. Esa longitud del cuello y la altura de las patas hacen de la jirafa el más alto y también, proporcionalmente, el más corto de todos los mamíferos.

Actualmente la jirafa tiene un área de dispersión geográfica muy fragmentaria, encontrándose en algunas regiones al sur del Sahara, desde Nubia hasta el río Orange, al Este, y hasta Nigeria y Angola al Oeste.

En estos lugares habita las estepas en las que haya árboles y matorrales, y casi nunca se la encuentra en lugares montañosos. Suele vivir en rebaños de diez a quince individuos, pero allí donde tiene la seguridad de poderse defender de sus enemigos se reúne en grupos mucho más numerosos. Estos rumiantes, por lo general caminan con paso tranquilo y majestuoso, y al mismo tiempo con mucha gracia, porque mueven a la par las dos patas del mismo lado; en cambio en la carrera pierden toda su elegancia. Cuando huye, la jirafa coloca la cola sobre el lomo.

Cuando quiere acostarse, empieza por apoyarse sobre la flexible articulación de las patas delanteras, luego recoge y dobla las posteriores y, por último, se apoya en el suelo con el pecho, tal como lo hace el camello. Su sueño es ligerísimo y dura poco; puede estar varios días sin dormir, o, como máximo, descansa de pie.

Debido a sus caracteres físicos, la jirafa es un animal poco apto para pastar la hierba; en cambio alcanza con la mayor facilidad, las hojas de los árboles: para ello se vale de la lengua, extremadamente movible y con la que logra atrapar hasta las cosas más diminutas.

Las jirafas se alimentan principalmente de ramas, hojas y yemas de mimosa, aunque también les gustan las hojas de las plantas trepadoras que, en gran número, cubren los árboles de los bosques africanos. Cuando se nutre con alimentos frescos y jugosos puede permanecer mucho tiempo sin agua, pero en las épocas de sequía recorre varios kilómetros para abrevar en las lagunas pantanosas o en las charcas.

En cuanto a la reproducción de estos animales, las observaciones hechas en distintos parques zoológicos demuestran que el apareamiento se produce en marzo o a principios de abril, y el parto en mayo o junio del año siguiente, es decir, tras una gestación que oscila entre 420 y 450 días. Cuando el pequeño viene al mundo, permanece inmóvil durante un minuto, aproximadamente, y luego comienza a respirar; al cabo de media hora intenta levantarse y poco después se acerca, dando traspiés, a la madre. A las diez horas del nacimiento corre ya por todas partes.

 

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